Sinopsis

h31La historia que proponemos sucede en, pongamos, ColaBora-Bora que es, digamos, una isla habitada por los que hemos llamado colaboraborianas y colaboraborianos. Otros les han llamado colaboradores, colaborianos o, últimamente, colaborantes.
Vemos ésta, supongamos, isla como un lugar lleno de vida, un espacio cambiante donde nada es fijo o definitivo, sino que está sujeto a los a los acuerdos de sus felices habitantes. Éstos, practican la sana y divertida costumbre de reunirse para compartir, jugar, debatir o intentar buscar soluciones a sus dudas o problemas.
Piensan juntos su mundo, debaten sobre cómo mejorarlo y se esfuerzan para lograrlo.
En esta, supongamos, isla, crece desde hace quién sabe cuánto tiempo, un imponente árbol: el GAC (Gran árbol del Conocimiento), fruto de los deseos de compartir de los colaboraborianos, colaboradoras o colaborantes. Me explico: Cada vez que se afanan por colaborar, cada vez que ponen ganas en crear y recrear su mundo de manera conjunta, las ramas del GAC se hacen más fuertes, más largas, acabando por entrelazarse en forma de teorías complejas. Cada nueva idea alumbrada en Cola-BoraBora da lugar, además, a una luz en la copa de este árbol. Luz que puede unirse a otras luces y brillar así más fuerte y lejos, o ayudar a iluminar nuevas ideas. Trepar por su enorme tronco, o acceder a él conectándose a alguna de las raíces que se extienden por todo Colabora-Bora, es siempre fascinante. Podríamos, si quisieramos, columpiarnos en la rama de los colores primarios, mezclando sus luces hasta alumbrar colores imposibles.
Podemos saltar de las matemáticas a la espelelología, dejarnos iluminar por nuevos feminismos o resbalar hasta la rama de “nouvelle cusine française”.
Tan importante es en Colabora-Bora que nuevas ideas se enciendan en el árbol como explorar ideas ya creadas, aprenderlas, entenderlas, explicarlas y conseguir así que brillen más y mejor. Creando así quizá, otras nuevas.
Mola Colabora-Bora ¿eh? Lástima que a nuestra, pongamos, isla (tan abierta, tan accesible) lleguen un día lo que podríamos llamar “señores-incompartidos” o “mujeres y hombres solitarios” o…en ello estamos…Estas gentes, tan distintas a los habitantes de Colabora-Bora, caminando siempre en fila, evitando hablar en grupo, sujetos a estrictas reglas y jerarquías aburridísimas y re-complicadas, consigue cambiar la forma en que los colaboraborianos o colaborantes se relacionan con el GAC. Consiguen que las colaboradoras o colaborianos empiecen pensar que iluminar nuevas ideas a partir de otras, que jugar a mezclar ramas, trabajar y replantear teorías ya alumbradas no es multiplicar, no es dar más luz a la luz, ni inyectar savia renovada a las extremidades del Gran árbol del conocimiento. Consiguen que algunos habitantes de Colabora-bora se convenzan de que copiar es lo contrario a crear, es “no tener imaginación”.
Abren el debate. Aunque no gratuitamente. De la duda sembrada, de la desconfianza generada se beneficia el próspero negocio que estas señoras solitarias u hombres_incompartidos han montado en nuestra, decimos, isla. Los invernaideas (protegemos tus ideas, hasta de ti mismo). Estas enormes y compartimentadas naves comienzan ya a albergar ramas que en, diarias y agresivas talas, hacen llegar del GAC. Las ideas comienzan así a ser almacenadas de forma masiva. Se protege (o limita) el acceso a ellas,
se etiquetan las luces (cada vez más tenues en estos invernaderos) y se controla el acceso a su interior y la mezcla indiscriminada, descabellada, malintencionada…libre de luces y ramas, de ideas.
Como podéis imaginar, en Colabora-Bora todo comienza a ser más complicado. Las reglas,normas y tratados se traducen en calles más grises, plazas vacías, colaboraborianas o colaborantes que comienza a caminar solos, en largas filas. Nuestro GAC (Gran árbol del conocimiento) es ahora un PAC (Pequeño árbol del Conocimiento).
Pero un grupo de gente ColaBora-Bora sigue convencido de que una idea no se pierde al compartirla, si no que se hace más grande, valiosa y especial. Ellos no están dispuestos a permitir que sus vecinas olviden cómo era la, digamos, isla, antes de la llegada de los hombres solitarios, las mujeres in_compartidas, así que estudian las ramas y sus usos prohibidos, trabajan las ideas y sus usos posibles, inventan formas de seguir compartiendo sin dejar nunca de conectarse al GAC, encadenándose incluso a él en un intento de evitar podas indiscriminadas.
Pero parece que los hombres in_compartidos, no van a dejar de dirigirse, cada vez que sea necesario, a sus despachos a aburrirse y concentrarse en seguir las reglas para crear nuevas reglas que regulen, pesen, miden, cuentes y finalmente produzcan normas de uso de ideas aún más restrictivas.
Y podríamos dejar aquí la historia si no fuera porque Hackerina, nuestra super heroína liberadora del conocimiento, entra en acción…

*Imagen que acompaña al texto de Miguel Martínez

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